Si el viaje de asignación fue maravilloso, no tengo palabras para describir este, no tiene precio cada abrazo, beso o sonrisa de nuestros niños.
Fue increíble como Anna entró en la sala que la esperábamos y nos recibió con un abrazo, por un momento pensamos que el tiempo que había transcurrido desde la última visita (más de un año y tres meses), sólo había sido una pesadilla. Nuestra princesa, nos recordaba y lo que era más increíble, estaba encantada de volver a vernos. A los pocos minutos nos trajeron a nuestro niño, nuestro pequeño Vova, que paso una mañana horrible, llorando en mis brazos y yo conteniendo las ganas de llorar con él. Es lógico, nuestro niño no nos recordaba, es pequeñito aún y mucho más tranquilo e introvertido que su hermana.
Estos días compartidos con nuestros hijos han sido maravillosos, nos hemos reído con las ocurrencias de Anna o con la tranquilidad de Vova, nos hemos emocionados cuando Anna nos llamaba papa y mama o cuando Vova se derretía con los besos que sus papas no se cansaban de darle, hemos sufrido con la despedida, pero algo nos dice que esta vez será para poco tiempo. Pero sobre todo, hemos aprendido a conocer mejor a nuestros hijos, a meditar sobre sus necesidades y sobre su adaptación. Aunque Anna esta deseando venir con nosotros, incluso ya le dice a sus compañeros de grupo que ella ya esta esperando, en el fondo dejará muchos años allí y nosotros intentaremos que recuerde a las personas que la cuidaron durante ese tiempo. Sabemos que a Vova al principio le costará más, tiene un vinculo muy fuerte con sus cuidadoras pero lo entendemos y estamos felices de que sea así. Tenemos todo el tiempo del mundo para demostrarte que puedes confiar en nosotros.
Este viaje ha dado para mucho, para compartir experiencias con otra familia a la que ya no olvidaremos. Para conocer a mamá Victoria, que nos llevaba cada día hasta la casa cuna, al supermercado, a la tienda de productos para bebes, y siempre con la mejor disposición y sonrisa. Para recibir los consejos de Elena, nuestra traductora, y hasta para hacer unas amigas en Chitá con las que compartimos una cena muy divertida y que nos mantendrán informados sobre la región de nuestros hijos, porque como ellas mismas nos dijeron, siempre llevaremos a Chitá en el corazón, pues este lugar nos ha ofrecido el mayor de los tesoros.