He vuelto a leer un diario que comencé a escribir cuando nos dijeron que no eramos idóneos y el cual abandone al poco tiempo de empezarlo, no se si por no disponer de la fuerza necesaria o por no sentir a mis hijos lo cerca que debía sentirlos. Quizás por ambas.
He repasado las cosas que hemos vivido durante estos años, algunas sin dudas estupendas, las cuales nos hubiese gustado compartir con ellos y disfrutarlas en su compañía. Otras sin embargos bastante difíciles, pero siento que nos han hecho más fuerte como persona y hasta pienso que es el motivo por el que aun no están aquí. Tal vez yo no hubiese podido batallar con ambas cosas. Mis hijos necesitaran unos padres que les dedique todo su tiempo y energía, sin interferencias que nos distraigan en exceso y tengo que reconocer que eso no hubiese sido posible.
Durante los meses complicados, mis hijos han sido no sólo un aliciente sino un ejemplo a seguir, porque si ya ellos en su corta vida han librado importantes batallas, ¿como iba yo a poder rendirme?.
Pienso que todo este tiempo ha sido un entrenamiento, que debíamos aprender de primera mano lo que supone sobreponerse de un golpe, para así poder ayudar y valorar los esfuerzos que tendrán que hacer nuestros hijos. A este hecho o acción, lo define una de las palabras estrellas en la adopción, la resiliencia.
Con el paso del tiempo vamos aprendiendo que la vida no es siempre como uno la había imaginado pero eso no es óbice para que no la disfrutemos. Ahora estamos listos para enseñar esto a nuestros hijos.